La construcción es una de las actividades con mayor impacto ambiental del país: genera cerca de un tercio de los residuos sólidos que se producen a nivel nacional. En AIC asumimos ese impacto como una responsabilidad propia, no solo como una exigencia normativa, e integramos la gestión ambiental como parte del proceso de cada obra, desde la planificación hasta la entrega. Este compromiso se aplica de la misma forma en todos nuestros proyectos, sin distinción de tamaño o tipo de obra.
Separamos los residuos de construcción y demolición (RCD) por tipo directamente en la obra: escombros, madera, metal, plásticos, entre otros.
El retiro y transporte de los residuos se realiza a través de transportistas y gestores autorizados, evitando la disposición irregular en sitios eriazos o espacios públicos no habilitados.
Cuando es técnicamente posible, priorizamos la reutilización de materiales dentro de la misma obra antes de su disposición como residuo.
Aplicamos medidas de mitigación (cierre perimetral, cubiertas, riego de superficies) para minimizar la dispersión de polvo hacia el entorno.
Controlamos el uso y manejo del agua en faena para evitar contaminación de suelo y napas, y prevenir el vertido de residuos líquidos fuera de los sistemas autorizados.
Regulamos horarios y niveles de ruido de la maquinaria en obra para reducir el impacto en el entorno inmediato, especialmente en zonas residenciales.
Nuestra gestión ambiental se enmarca en la normativa municipal y sectorial vigente para obras de construcción y demolición en Chile, incluyendo las exigencias de la Ordenanza General de Urbanismo y Construcciones sobre manejo de residuos, faenas, ruido y emisiones en obra. Seguimos además de cerca el desarrollo de la Ley N° 20.920 (Ley de Responsabilidad Extendida del Productor) y su avance hacia una regulación específica de los residuos de construcción y demolición, anticipando así los estándares que el sector adoptará progresivamente.